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Hace
apenas medio siglo, la población del planeta era la mitad de la
actual y los sistemas económicos eran fruto de siglos de evolución.
Ahora todo ha cambiado vertiginosamente
Cuidar la Amazonía
es una causa generosa que unifica a la humanidad. Pero en la práctica
es la presa de los grandes capitales y no la intangible reserva
natural del planeta.
El biocomercio ha aparecido como una propuesta salvadora y tiene
como objetivo fomentar el comercio sostenible de bienes y servicios
de la biodiversidad nativa bajo responsabilidad ambiental, social
y económica. La iniciativa surgida en Río de Janeiro cumplirá
20 años el próximo en la conferencia de la ONU, conocida como
la Cumbre de la Tierra.
Dicha reunión generó tres logros en protección ambiental: las
convenciones marco de las Naciones Unidas sobre el cambio climático,
de lucha contra la desertificación y sobre la diversidad biológica,
siendo este último el primer acuerdo mundial enfocado en la conservación
y el uso sostenible de la biodiversidad.
Sin embargo, el propio código de principios (C&P) propuesto por
sus promotores convierten en lejana utopía. Estos son los siete
compromisos: conservación de la biodiversidad. Uso sostenible
de la biodiversidad. Distribución justa y equitativa de los beneficios
derivados del uso de la biodiversidad. Viabilidad económica administrativa,
financiera y de mercado. Cumplimiento de la legislación nacional
e internacional. Responsabilidad ambiental. Y responsabilidad
social de los trabajadores, derechos de acceso a la tierra y a
los recursos.
Sin embargo, cada ronda de negociadores internacionales ha acabado
beneficiando a los países ricos y frustrando a las naciones en
desarrollo. El Nobel de Economía Joseph E. Stiglitz y su coautor
Andrew Charlton presentan un modelo radicalmente nuevo, el comercio
justo para todos, abrir los mercados de forma que todos puedan
prosperar.
La región amazónica cuenta con uno de los mayores acervos de capital
natural en el mundo. América del Sur es la zona de mayor riqueza
biológica del universo, contiene más del 40 por ciento de las
especies de la Tierra, más de la cuarta parte de los bosques y
muchos recursos pesqueros valiosos y ofrece un potencial para
el turismo.
El negocio minero es la otra cara de la moneda. En los Andes existen
focos de intensa y desesperada resistencia civil contra los minerales
tóxicos, entrelazados con mitos y leyendas sobre las bondades
en la medicina tradicional de algunos derivados metálicos como
el azogue. El mercurio, particularmente, provoca fascinación entre
los niños por las destellantes bolitas del líquido plateado que
brillan bajo el sol, pero cuya ingestión provoca la muerte.
El cuidado de la biodiversidad no es un compromiso serio. Los
debates ambientales recuerdan a la sociedad caballeresca de la
Edad Media y los inicios de conversión de la sociedad burguesa
a los tiempos modernos. Como escribió el conde Lucanor, en su
libro de los ejemplos, para su nieto Fernando III, parecía que
la habilidad y la fortuna se sobreponían a la energía y el valor,
porque las ciudades se imponían, se alejaban de la guerra y daban
un nuevo estilo a la vida social.
La verdad es que la codicia es inmensurable para que marchen fácilmente
los buenos negocios con la diversidad e impulsar el desarrollo
rural sostenible.
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