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Para
una entidad como “la Caixa”, que, desde sus orígenes, ha guiado
su actividad desde un sólido compromiso social, es una excelente
noticia aparecer en el estudio Merco como una de las empresas
con mejor reputación de España. El informe de 2011 otorga a la
entidad excelentes valoraciones en diferentes áreas. Esta valoración,
sostenida en los últimos años, refleja la solidez del proyecto
del Grupo “la Caixa”, avalado por unos resultados económicos solventes;
el liderazgo del presidente, Isidro Fainé, del director general,
Juan María Nin, y del equipo directivo en general; y también la
excelencia profesional y el entusiasmo que aportan los empleados,
que han convertido “la Caixa” en una de las mejores compañías
para trabajar en España y con mejor reputación interna.
Uno de los retos que la denominada “gestión de intangibles” ha
tenido que afrontar durante años ha sido cómo evaluar sus resultados.
Conforme aumentaba en el mundo empresarial la conciencia de la
importancia de las cuestiones reputacionales, crecía igualmente
el interés por buscar metodologías que permitieran objetivizar
los éxitos –y también los déficits– de una materia tan compleja.
En este campo, el Monitor Empresarial de Reputación Corporativa
Merco ha realizado una aportación clave durante la última década.
Un estudio con la rigurosidad técnica y analítica de Merco es
una excelente herramienta de diagnóstico para la empresa española.
Resulta especialmente valioso disponer del estudio Merco en una
coyuntura como la actual, marcada no solo por la debilidad económica,
sino también por la complejidad de una serie de cambios sociales
particularmente intensos.
La irrupción de las redes sociales ha evidenciado nuevas pautas
de relación entre los ciudadanos, las empresas y las instituciones
sociales. La información ya no circula como antes; tampoco se
lee –ni se interpreta– de la misma forma. El modelo de comunicación
unidireccional, con los consumidores como receptores relativamente
pasivos de los mensajes comerciales, vive una crisis tanto o más
profunda que la económica. En su lugar, se consolida un nuevo
modelo de ciudadanos con capacidad para crear y difundir su propia
opinión a través de los nuevos altavoces tecnológicos globales.
En el antiguo modelo, no comunicar implicaba el riesgo de reducir
el número potencial de ventas, pero permitía salvaguardar la reputación.
Pero las cosas ya no son así. Quien ahora renuncie a explicar
su propia realidad solo conseguirá que haya otros –clientes, competidores,
reguladores, grupos de presión, etc.– que lo hagan por él. Y lo
más probable es que este relato ajeno aparezca, como mínimo, desenfocado,
sin apenas correspondencia con la realidad diaria de una empresa
y de la labor que desempeñan diariamente sus profesionales.
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