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Fernando
Iriondo
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Opinión
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La
presión del Estado sobre los ciudadanos para recaudar más va a ser
agobiante y no se va a empezar a crear empleo hasta que la economía
comience a crecer en torno al 2%. Un panorama inquietante
DESDE QUE SE INICIÓ LA CRISIS hemos venido manifestando en nuestros
escritos de opinión mensuales las dudas respecto a si esta crisis,
que desde el principio dijimos que iba a ser la peor conocida en
el mundo occidental y en concreto en España por las características
nuestras de unir la crisis global con nuestra crisis local financiero–
inmobiliaria, podía ser dura y corta (en forma de V) o dura y larga
(en forma de L). También hemos ido manteniendo cómo el primer semestre
de este año 2011 podía ser el punto de inflexión entre una forma
u otra, pues bien, a nuestro juicio, la crisis ya se está decantando
claramente hacia la que considerábamos peor de las alternativas
como es la denominada L.
Hemos entrado en España en una dinámica parecida a la de la crisis
japonesa de los años noventa (1991–2006), donde el ajuste del sector
inmobiliario y financiero, ambos muy entrelazados, frenó el desarrollo
económico de forma brusca. Las diferencias vienen dadas por nuestro
marco europeo que delimita un escenario colectivo de decisiones
genéricas.
La realidad económica se va imponiendo, el mandato europeo es cada
vez más claro y los gobernantes nacionales, convertidos en comisarios
europeos sean del partido que sean, tienen un objetivo claro como
es “salvar el Estado”... con cargo a los ciudadanos. El Estado sanea
sus macrocuentas financieras como manda Europa en base a una presión
fiscal directa y sobre todo indirecta brutal, la presión sobre el
ciudadano para esquilmarlo va a ser creciente por parte del Estado
central, las comunidades autónomas y los ayuntamientos, sin olvidar
las diputaciones provinciales allá donde tienen funciones recaudatorias.
Visto desde el punto de vista del ciudadano medio la situación está
tomando tintes dramáticos porque a la presión estatal, en sus distintas
modalidades, se une la presión privada de los bancos y las cajas
de ahorros que tiran de embargos y ejecuciones y luego ya veremos.
En el caso del comprador de un piso entre los años 1997 y 2007 además
se encuentra que en una hipoteca media de 30 años han pasado los
cinco o diez primeros y probablemente el piso se le ha devaluado
un 30% o va camino de ello, pagando durante los 20/25 años restantes
cantidades muy superiores al valor real de la vivienda.
Hoy aún no existe mercado inmobiliario real. Las estadísticas oficiales
nos indican que suben los porcentajes de compraventas de inmuebles
y puede ser verdad pero no toda la verdad porque realmente casi
las únicas compraventas que se están formalizando son las ventas
de las carteras de inmuebles de los bancos y cajas de ahorros y
sus filiales, dado que es la única financiación que están dando
las entidades financieras para el sector inmobiliario, a pesar de
lo que diga su markerting financiero.
En este contexto que a nuestro juicio se va a ir agudizando en los
dos próximos años, como mínimo, sea quien sea el partido que nos
gobierne, la creación de empresas pequeñas y medianas, las inversiones
empresariales, la generación de empleo, etc... son prácticas heroicas
imposibles de realizar desde el punto de vista económico, psicológico
o social.
Previsiblemente dentro de un año por estas fechas no es difícil
prever que tendremos un IVA en torno al 22%, una gasolina por encima
del 1,50 euros, sea cual sea el valor del barril de petróleo, un
nuevo aumento de los servicios básicos, etc. y, eso sí, probablemente
unas cuentas financieras del Estado más saneadas... salvo las del
paro, que seguirá en niveles actuales, como mínimo, en tanto la
economía nacional no crezca por encima del 2%.
Es cierto también que las empresas y familias españolas están muy
sobreendeudadas respecto a la media comunitaria y este sobreendeudamiento
lastra el crecimiento de nuestra economía y restringe el crédito
bancario. El sistema financiero español debe hacer un “examen de
conciencia” respecto a su responsabilidad en esta crisis hoy y anteriormente
cuando fomentaba de forma desaforada el endeudamiento excesivo porque
su único objetivo entonces era crecer por crecer, en una carrera
alocada al olor del dinero internacional abundante y barato en la
cual también participó la banca extranjera al rebufo de los grandes
beneficios generados entonces.
Hay otro factor a considerar en todo este contexto, que por muy
delicado que sea hablar de ello al final puede afectar al mundo
económico y financiero, y es el posible relevo en las más altas
instancias del Estado que ¡ojalá! se posponga el tiempo suficiente
para que se produzca una vez superada la crisis pero que, por otra
parte, cada vez está más cerca.
El panorama no es precisamente optimista pero estaría engañando
a los lectores si dijese otra cosa, claro que me gustaría equivocarme
pero por desgracia quien haya seguido las opiniones desde hace años
observará que en el medio plazo hemos previsto situaciones, en el
campo financiero e inmobiliario, que más tarde se han ido produciendo
en la realidad.
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