| Ramon
Vilaró | Tribuna
Económica | |
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El habitual desfile anual en Davos (Suiza) de presidentes,
primeros ministros, consejeros delegados, premios Nobel
de economía, banqueros y analistas del futuro, no aportó
soluciones milagrosas para saber cómo y cuando se superará
la crisis económico-financiera que azota al mundo. Los
gúrus de las previsiones económicas sólo coincidieron
en que no existe un modelo para superar la crisis. Los
oráculos consultaron a los dioses, pero ni ellos, ni el
becerro de oro, pudo darles la respuesta.
No es que el Foro Económico Internacional, el encuentro
informal que reúne anualmente en Davos a la crema de dirigentes
políticos y económicos, se haya caracterizado en el pasado
por ser centro de decisiones. Pero, en la actual edición,
mostró mas claramente que nunca que el desconcierto hacia
el futuro es global. Sólo la esperanza de una hipotética
recuperación de Estados Unidos – cuyo flamante nuevo presidente,
Barack Obama, no estuvo en Davos – pareció aportar un
rayo de luz hacia el final del largo túnel. El crash de
los mercados financieros que estalló en el pasado “septiembre
negro” en Wall Street y sus tentáculos planetarios, corroen
la economía real desde los países emergentes (China e
India en la cabeza), hasta las economías de la Unión Europea,
por no citar a los países productores de “oro negro” que
ven caer en picado la cotización del petróleo e hipotecados
sus planes de inversión en territorio propio (Emiratos
Árabes y otros) o de penetración en las decaídas cotizaciones
bursátiles de multinacionales norteamericanas, europeas
o niponas.
Davos no aportó soluciones porque el cambio deberá ser
profundo. Tanto que puede comportar “drásticos conflictos
sociales”, como avanzaron algunos de los participantes
en el foro de Davos. La meteórica escalada del desempleo
en los países desarrollados – uno de los pocos índices
en el que España figura en el pelotón de cabeza – ilustra
la movida que se avecina.
La economía mundial se está japoneizando, a ejemplo de
lo ocurrido en Japón tras el estallido de la “burbuja”
económica de inicios de la década de 1990. Se llevó por
delante a bancos que figuraban en primeros puestos del
ranking mundial, y dejó sumisa la economía nipona en un
largo letargo del que, casi veinte años después, aún no
han logrado recuperar el esplendor de la década prodigiosa
de 1980. De aquellos tiempos en que la pujanza de Japón
parecía destinada a comerse el mundo: desde su avidez
en materias primas, implantación de multinacionales e
inversión de todo orden, desde bonos del Tesoro de EE.UU,
hasta estudios cinematográficos en Hollywood, rascacielos
en Nueva York o edificios de parkings inteligentes en
las Ramblas barcelonesas, por citar sólo algunos ejemplos.
Después llegó la caída y, ahora, el largo letargo. El
mundo no es sólo Japón, pero hay que mirar hacia Tokio
para saber que no siempre es oro lo que reluce. Y que
los mercados, ante la crisis, se paran de golpe y es arduo
y difícil volver a estimularlos. Por ello Davos no aportó,
ni podía, ninguna solución. |
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Nº
9 febrero 2009
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Manuel
Dominguez Moreno
Sin
liquidez no hay solvencia |
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Fernando
Iriondo Oa
Horizontes
de deflación
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Juan
Jesús Gómez
¿Qué
podemos esperar de 2009? |
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Ramon
Carner
Sobre
Spanair y el aeropuerto de El Prat |
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Ramon
Vilaró
Los
oráculos de Davos |
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