Manuel Domínguez Moreno
Económia para el cambio
El lucro grita ahora ¡socorro!
Todavía hoy muchos se preguntan qué ha fallado en el sistema para que aún hoy no sepamos cuándo acabará esta vertiginosa caída económica y adónde nos conducirá la recesión. Deberían saber ya que es el propio sistema el que se ha mostrado incapaz de regular un mercado en el que todos los poderes se someten al capital, que corrompió así a instituciones e individuos. Los americanos, que necesitan que les expliquen los problemas complejos de la forma más simple posible, han comenzado a darse cuenta de qué es lo que ocurre después de que Homer Simpson, el padre de familia más famoso de América, que apoyó abiertamente a Obama y el cambio durante la campaña electoral, ejemplificara a través de la pequeña pantalla con un símil al alcance de todos: la clave del problema está en que fabricar un iPod cuesta ocho dólares, pero en la tienda de la esquina te lo venden a 500. Ahí tenemos la burbuja y también a los especuladores. De modo que el Estado, que debe favores al capital porque ha llenado los bolsillos de los políticos de dinero sucio, no tiene más remedio que meterse a regulador y poner en marcha la máquina de fabricar billetes. ¿Para qué?… Para seguir enriqueciendo a los irresponsables que nos han arrastrado a la crisis. El norteamericano Paul Samuelson, uno de los padres de la economía neoclásica moderna, lo ha expresado con una sorna ciertamente cáustica al señalar que al quedar al descubierto las flagrantes mentiras de los altos ejecutivos con sueldos millonarios cuando se referían a sus beneficios empresariales, no tuvieron más remedio que irse al banco con una sonrisa de oreja a oreja. Voltaire fue más lejos con el sarcasmo convencido de que cuando se trata de dinero todos somos de la misma religión: “Si alguna vez ve saltar por la ventana a un banquero suizo, salte detrás. Seguro que hay algo que ganar”. Y de eso se trata, de dinero, de la maldita liquidez. Primero fueron los bancos los que pidieron ayuda. Después las constructoras. Ahora piden socorro las empresas automovilísticas. Todos ellos se han lucrado con las burbujas financieras. Sería un grave error que los fondos para combatir la recesión fueran a parar de nuevo a todos aquellos que no tuvieron escrúpulos en esquilmar los recursos sin prever el crac. Es preciso superar estas barreras del capital para hacer llegar el dinero a quien más lo necesita, a la economía real, a los pequeños y medianos empresarios que, sin nadie que les fíe, mantienen a duras penas sus negocios; a las familias; a los trabajadores; a todos aquellos que con su esfuerzo y sacrificio contribuyen a sostener el tinglado y mantienen a raya la temida depresión, porque como decía Marcuse, citando una frase de Walter Benjamin, sólo aquellos que no tienen esperanza nos dan esperanza. Las medidas adoptadas por los gobiernos van dirigidas precisamente a recuperar la confianza, lo que no será posible si el sistema permanece contaminado, si los que inundaron el mercado de activos tóxicos continúan haciendo negocio con total impunidad. Por eso es importante establecer unos mínimos criterios éticos a la hora de conceder ayudas, unos filtros que impidan a los especuladores situarse al mismo nivel de quienes han sido emprendedores y han generado riqueza y empleo, bienestar social. Si se premia nuevamente a los perversos estaremos estableciendo las bases para que el sistema acabe de nuevo colapsado. Es necesario minimizar los riesgos y apostar por un desarrollo sostenible, equilibrado, un nuevo modelo de crecimiento que prime la investigación y la tecnología, que incremente el gasto social y la obra pública y que canalice la financiación de proyectos por vías transparentes. Exigir rendimiento de cuentas. No va a ser un camino fácil y es posible que tardemos en ver los frutos, pero lo importante es progresar, desterrar para siempre la idea de que la corrupción y el soborno son técnicas para hacer negocio. Iré más lejos que Voltaire y no situaré el capital del lado de la divinidad porque, en palabras de Paul Auster, para los que no tenemos creencias la democracia es nuestra religión.

Portada

Nº 7 diciembre 2008
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Opinión
Manuel Dominguez Moreno
El lucro grita ahora ¡socorro!
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Fernando Iriondo Oa
El “grifo” sigue cerrado
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Miguel Pérez Jaime
Ahora es el momento del PPA
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José Mª Serrano-Pubul
Guía para los perplejos
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Ramon Vilaró
La confianza, ni se compra, ni se vende
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