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El peso de la deuda rompe el ladrillo
Los juzgados comienzan a recibir las solicitudes de declaración de concurso de acreedores provenientes de las inmobiliarias y de las empresas de construcción. Grandes nombres de esta actividad terminan rendidos ante las puertas de ju juzgado. El ladrillo, definitivamente, se ha roto por el peso de la deuda.

Los precios de la vivienda en España se reducirán hasta en un 30 por ciento en los próximos años, según vaticinio de crédito suites. La sobrevaloración de los pisos, el paro y unas condiciones más financieras más estrictas son los elementos que van a provocar esa pérdida de valor de los cientos de miles de viviendas terminadas que quedan por vender.
No es la mejor noticia que querrían conocer los propietarios de las inmobiliarias, sobre las grandes y muy grandes, que en las últimas semanas se han visto obligadas a comparecer el juez para presentar la solicitud de declaración de concurso de acreedores .
A la existencia de un inmenso parque inmobiliario de difícil, o nula, colocación se unen las condiciones generales económicas y financieras que ayudan poco.
Toda esa paralización de las ventas es lo que ha producido la acumulación de deudas de gran importancia y ante la imposibilidad de atenderlas, acudir al juzgado.
El derroche en la concesión de créditos por parte de algunas entidades, animados por la existencia de un dinero barato que reclamaba agitación y movimiento animó también a los promotores a iniciar desarrollos muchos de los cuales no contaban con el más mínimo soporte analítico que justificara su buen final. Es decir, la venta. Obras cerradas, obreros al paro, constructoras con facturas sin atender por sus clientes, proveedores de las constructoras, la mayoría pymes, abocados al cierre. Y con esto, más desempleo, más facturas sin atender y más créditos u otros productos financieros sin devolver.

¿Qué ha pasado en España en los últimos años?
A veces, para algunas personas, parece que nos haya picado a todos el mosquito que inocula el desequilibrio mental. Para otras, la alteración la ha causado la codicia y el desenfreno provocados por unas buenas expectivas reales que algunos, en su interiorización, las convirtieron en fantasías.
En sí, parece poco serio todo lo que se va conociendo y desvela que grandes corporaciones dedicaron poco tiempo y recursos a escudriñar el futuro. Han movido enormes masas de dinero y han adquirido responsabilidades ante sus proveedores y ante sus trabajadores. Pero lo cierto es que no vieron o no quisieron ver que la capacidad de absorción de vivienda nueva por parte del mercado nacional iba, poco a poco, agotándose. Y sin embargo, seguían construyendo.

Texto: Ricardo Lenoir
Artículo Completo en Cambio Financiero Nº 7

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Nº 7 diciembre 2008
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Opinión
Manuel Dominguez Moreno
El lucro grita ahora ¡socorro!
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Fernando Iriondo Oa
El “grifo” sigue cerrado
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Miguel Pérez Jaime
Ahora es el momento del PPA
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José Mª Serrano-Pubul
Guía para los perplejos
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La confianza, ni se compra, ni se vende
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