Salvador Santos Campano /Presidente de la Cámara de Comercio e Industria de Madrid
Opinión
Pymes: Por quién doblan las campanas
Las campanas de la crisis están doblando para las pequeñas y medianas empresas. Esto quiere decir, como en el poema de John Donne, que están doblando por la mayoría de nosotros. Porque la vida económica y la vida social, la vida ciudadana en su conjunto, se desenvuelve principalmente a través de las pymes, sin las que el desarrollo no puede existir

La situación es muy grave, y se temía hace tiempo. El Gobierno, que se empeñó en ignorar la realidad, ha tenido que inclinarse ante los acontecimientos y ha reconocido que la crisis existe, aunque subrayando su carácter internacional. Eso es cierto en su vertiente financiera, pero en la económica tiene unas características específicamente negativas para nuestro país. Ante esta situación, cabían dos tipos de medidas: por vía presupuestaria, o con carácter excepcional. Los Presupuestos del Estado se elaboraron sobre bases que se han convertido en irreales y, por tanto inservibles; con previsiones que nada tienen que ver con las actuales, y que han servido para poner de manifiesto una especie de castigo para la Comunidad de Madrid y para la valenciana, que además de profundamente injusto es, y así lo ha señalado nuestra Presidenta regional, humillante. En el capítulo de acciones excepcionales hay que reconocer que el Gobierno, en línea con la mayor parte de los países, ha sabido enfrentarse con el problema aprobando la inyección de una fuerte suma a las entidades de crédito. Bienvenida sea esta medida, si tiene como destinatarias finales a las pequeñas y medianas empresas, y a tantos ciudadanos que se ven imposibilitados de hacer frente a sus obligaciones hipotecarias. Los bancos españoles tienen deudas con instituciones crediticias del exterior por un importe equivalente a dos terceras partes de la cifra que el Gobierno ha aprobado. Lo que todos deseamos es que, resueltos los problemas de los bancos y de las cajas, se vuelva a abrir el grifo de los créditos, y que las empresas, especialmente las pequeñas y medianas, puedan seguir desarrollando una actividad que ahora se encuentra gravemente amenazada. Junto a estas deberían de adoptarse otras medidas transitorias, de carácter fiscal y de estímulo para la creación y el mantenimiento de empresas. Siempre será mejor, en estas circunstancias excepcionales, recaudar menos que no recaudar nada, y tener que dedicar ingentes y crecientes sumas al desempleo. Frente a determinadas declaraciones voluntaristas está la realidad de los hechos. El Indicador de Confianza Empresarial, elaborado por el Consejo Superior de Cámaras españolas, ha caído en el tercer trimestre del año 6,8 puntos en relación con el trimestre anterior, y se sitúa en su mínimo histórico, llegando a - 19,4. La inversión se reduce y el desempleo aumenta, con estimaciones que elevan a más tres millones de parados en los primeros meses del año próximo. Las encuestas señalan que uno de cada dos parados no espera encontrar un puesto de trabajo en los próximos seis meses; cuatro de cada diez empleados temen perder su puesto en un futuro próximo; y se producen expedientes de regulación de empleo en grandes compañías, con su efecto multiplicador en las pequeñas y medianas empresas auxiliares. Hoy nos hacen falta más y mejores empresas. Hay que alentar a los emprendedores, hay que facilitar a las empresas viables el acceso, como lo han venido teniendo, a los créditos que necesitan para seguir funcionando, esos créditos que se han cortado, y que deben de volver a abrirse. A estos fines deben dedicarse, de forma prioritaria, buena parte de los millones de euros que el Gobierno acaba de conceder a la banca. Es posible, como señalan algunos, que exista, además, una crisis de confianza, que está plenamente justificada. Pero la confianza no se recupera con palabras, sino con hechos. Hay que saber adaptarse a los acontecimientos, reducir los gastos -en esto el Gobierno debe ser el primero en dar ejemplo-, pero sobre todo es imprescindible continuar con la actividad empresarial para ser capaces de generar riqueza y empleo. Ya he dicho en otras ocasiones que de esta crisis acabaremos saliendo. El problema es cuándo, y a qué precio, lo que dependerá de la eficacia de las medidas que se tomen. Pero hay algo que está claro: la solución a la actual situación no será factible si no pasa por las pequeñas y medianas empresas. Esperemos que las campanas de la crisis dejen de doblar para las pymes. Es decir, para todos nosotros.

Portada

Nº 6 noviembre 2008
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Opinión
Manuel Dominguez Moreno
Reconstruir puentes con Latinoamérica
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Fernando Iriondo Oa
Crisis a la española
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Salvador Santos Campano
Pymes: Por quién doblan las campanas
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José María Cruz
Crisis financiera y economía real
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Ramon Vilaró
Los salarios en tiempos de crisis
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