| José
María Cruz /Auditor
de Cuentas y Consultor |
Opinión | |
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Crisis
financiera y economía real
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Por
unas razones u otras Gobierno y Oposición no acaban de
ponerse de acuerdo, so pretexto de no apoyar una “amnistía”
en beneficio de infractores de las normas fiscales reguladoras
de la economía; algunos incluso se han atrevido a cuantificar
la importancia del dinero que se mantiene “sumergido”
Yo no me atrevo a tanto, pero sí tengo la convicción de
que la cuantía es de mucha importancia y que ya el Ministro
socialista Señor Solchaga recurrió a algo similar con
indudable éxito, y una postura ética que no deja de ser
encomiable pero que, en definitiva, priva al mercado financiero
de una inyección importante de liquidez, no debe ser causa
de freno en unas circunstancias tan graves como a las
que a estas alturas tenemos, y que supera con mucho a
lo que yo vaticinaba hace algunos meses. Confío en que
triunfará la sensatez y el interés por salvar la “economía
real” que es la que viven cada día los pequeños y medianos
empresarios y las familias en general, pero me causa cierta
preocupación el oír referencias a un “neocapitalismo”,
a una “refundación del sistema financiero” o cualquier
otro tipo de intervencionismo, que margine “la economía
de libre mercado” que es la que ha proporcionado décadas
de bienestar al mundo occidental pero que este tiene que
aprender a compartir solidariamente con los países subdesarrollados
con medidas realmente efectivas y que tengan carácter
finalista. Lo que sí debería ser motivo de estudio especial
y profundo es el control o el “embargo” en términos económicos,
de los llamados paraísos fiscales. El Gobierno español
dictó ya una serie de normas de carácter sectorial, y
que para mí solo representaban un “parcheo”, si bien finalmente
se ha abordado con profundidad el problema, sin perjuicio
de lo que pueda aumentarse y mejorarse como consecuencia
de los acuerdos que puedan alcanzarse a nivel mundial.
Solo añadiré a este respecto que me hubiera parecido mucho
más correcto asegurar los ahorros hasta una cifra prudencial
(pongamos un millón de euros por familia), y no el tope
de cien mil euros por depósito en cada entidad bancaria,
con lo que se ha propiciado el que dinero de bancos con
poco o ningún problema hayan seguido el camino de diversificación
en otras entidades a lo mejor afectadas por la toxicidad
y que refuerza su liquidez con recursos procedentes de
la competencia mas limpia de tóxicos. Ahora bien, la crisis
bancaria española, como las de otros países, tiene en
mi opinión su origen en el que al irse extendiendo los
efectos de la globalización y fundamentalmente en nuestra
Europa más cercana, la incorporación a la “zona euro”,
con una drástica reducción de los tipos de interés movió
a la banca a intentar mantener la rentabilidad de sus
accionistas con operaciones especulativas y de alto riesgo.
No nos engañemos, no solo en Norteamérica existían activos
tóxicos e hipotecas “suprime”, pues todos conocemos de
más de un banco doméstico que ofrecía hipotecas para cubrir
no solo el coste de la vivienda sino el amueblamiento
de la cocina, la compra de mobiliario y hasta parte del
coche, incluyéndolo todo en el paraguas de la garantía
abiertamente insuficiente del bien hipotecado. Y por otra
parte realizando la práctica mayoría de los bancos operaciones
puramente especulativas totalmente ajenas a la operativa
normal bancaria, y baste para ello analizar las cuentas
de resultado de los bancos en los últimos años. Puede
que la situación no alcance, todavía, mayores cotas porque
creo honestamente que podemos presumir de un eficaz servicio
de inspección del Banco de España, altamente cualificado
técnicamente pero insuficiente para llevar acabo un efectivo
control de tantos bancos y cajas de ahorro, a las que
por cierto son extensivas la práctica totalidad de las
anteriores consideraciones y en ocasiones agravadas con
una prodigalidad en la participación en “empresas asociadas”
del sector inmobiliario. La posibilidad de que el control
de la transparencia se atribuya al Tribunal de Cuentas
también me merece confianza, por concurrir circunstancias
similares a las que atribuyo a la inspección del Banco
de España. Otra cuestión es el tema de la Comisión Nacional
del Mercado de Valores, a la que en mi opinión se le han
ido de las manos en ocasiones controles verdaderamente
eficaces en lo que a la emisión de valores se refiere.
Y no digamos del desembarco en nuestro solar patrio de
entidades financiera extranjeras: sirva como ejemplo ING
a la que el gobierno holandés ha tenido que inyectar una
importante ayuda financiera y que presume, incluso de
ser ahora mas fuerte que antes, cuando con una contumaz
y costosísima campaña de marketing ha logrado de ahorradores
españoles importantes cifras, escatimadas a nuestro sistema
bancario propio, con una competencia que me atrevo a llamar
desleal de extratipos iniciales y utilizando para colmo
la red bancaria doméstica prácticamente sin gastos de
establecimiento. Y me gustaría conocer cuanto del ahorro
aquí obtenido ha revertido dentro de España en operaciones
de activos concedidas por ING. En otro orden de cosas
cualquier solución de resultados positivos futuros ha
de encararse con la realidad actual latente e incontrovertible:
nuestro país no es ya una zona que ofrece mano de obra
a precios que hagan apetecible las instalaciones de grandes
industrias mundiales en nuestro solar patrio. Y tendremos
que centrarnos en mejorar lo que es nuestro patrimonio
menos discutible, como es el turismo y el sector agropecuario
que hoy por hoy parece que se mantiene al margen de la
crisis, afortunadamente, y que se va preparando para continuar
siendo rentable cuando desaparezcan totalmente las subvenciones.
En lo que a Andalucía, y en concreto Sevilla, se refiere
confiemos en que el proyecto aeronáutico acabe cuajando
de verdad y garantice carga de trabajo para algunos años,
pero siempre tendremos el mismo peligro al que antes quería
referirme con la competencia que hoy ofrecen países en
vías de desarrollo y la mayor presencia en los mercados
de las economías del este de Europa. Queriendo ahondar
en mis reflexiones sobre la evolución del tejido industrial
en nuestra zona, no puedo por menos que hacer referencia
a la “espantada” que en el tiempo de la presidencia de
la junta de Don José Rodríguez de la Borbolla ( el buen
amigo bético Pepote) nos planteó de la noche a la mañana
la alemana ZF, abandonando Industrias Subsidiarias de
Aviación (I.S.A.), recayendo en mi persona la responsabilidad
de la presidencia del consejo como interventor judicial
de mayor edad, y lo que luchamos y peleamos Don José,
y su consejero el también entrañable Sr. Romero, dedicados
a intentar buscar soluciones a la numerosa plantilla que
se quedó sin carga de trabajo. Años más tarde, tuvimos
otro caso, este por circunstancias derivadas de la difícil
competencia del sector, con HYTASA, que en tiempo fue
una industria señera y que dio ocupación a mucho personal
y para la que se arbitró una solución intermedia , con
D. Javier Arenas en el Ministerio de Trabajo, y la inestimable
y entrañable colaboración de Dª Amalia Gómez, pudo llevar
a efecto la comisión liquidadora que me tocó presidir.
Y ya remitiéndonos a tiempos recientísimos los abandonos
incalificables de BOLIDEN y DELFI. O sea, repito, no hay
nada nuevo bajo el sol y lo que hace falta es corazón,
inteligencia y amor a lo nuestro para tratar por todos
los medios de salir también de esta grave situación de
ahora, sin añadir leña al fuego, propagando noticias alarmistas
no confirmadas. Y una respetuosa recomendación a los Poderes
Públicos en todos sus estamentos, Ministerios, Autonomías,
Diputaciones y Municipios, y todo tipo de Empresa Pública:
Profundizar en la productividad, eficacia en los servicios,
y sobre todo austeridad ejemplarizante. Voy a dedicar
un apartado especial al asunto puramente autonómico de
la presunta Caja Unica. No es que me parezca mal que contemos
con una caja verdaderamente solvente, sólida y tecnificada,
pero siempre y cuando que rija el principio de profesionalidad
en la gestión, pero me preocupa el que se alejen de la
economía real de cada día los centros de decisión en la
concesión de riesgos, por lo que una Caja, sino única
principal e importante, subsistiendo con algunas otras
de menor calado, debe establecer servicios de decisión
efectiva, no digo provinciales sino comarcales, que le
acerquen al día a día de la pequeña y mediana empresa
que es la que realmente crea puestos de trabajo, aunque
las cifras que alarmen sean los ERE o cierres de grandes
empresas ( en mis tiempos de BANESTO –de 1.947 a 1.967-
contábamos con un Comité local de personalidades de la
vida económica sevillana , que se convocaba mensualmente
para la toma de decisiones importantes sin que su parecer
fuera vinculante, pero que ayudaba a conocer la realidad
de la calle y en cuyo órgano siempre estuvo presente algún
miembro de la, por entonces, emprendedora familia Ybarra
y también participaba la importante, entonces, Casa PEYRÉ,
representada por el padre de mi buen amigo y correligionario
sevillista D. Augusto Lahore. Con respecto a la fusión
que al final cristalizó en CAJASOL muchos profesionales
de lo que fue EL MONTE y la CAJA SAN FERNANDO, saben que
les he referido en múltiples ocasiones aquella fábula
de que “entre que si son galgos o podencos la presa se
escapó”. Es una fusión que ha tardado mucho en materializarse.
(el primer intento que culminó incluso en una escritura
que no trascendió al registro, por una impugnación, fue
en el año 1970 firmando D. Manuel Clavero por EL MONTE
y D. Mariano Borrero por la CAJA SAN FERNANDO y de la
que fue testigo el director gerente de esta última mi
buen amigo D. Juan Balbás de los Ríos). Todo este tiempo
perdido lo han aprovechado, y bien aprovechado, fundamentalmente
la CAIXA y CAJA MADRID para introducirse en el tejido
financiero de Andalucía, invadiendo zonas y clientela
que nunca debieron dejar escapar nuestras entidades foráneas.
Otro aspecto importante a considerar en la situación actual
es la oportunidad que vino a representar la promulgación
de la nueva Ley Concursal, fruto de larguísimos debates
y respecto de la cual tanto debemos a mi muy querido amigo
el Profesor D. Manuel Olivencia. La filosofía fundamental
de esta Ley es intentar por todos los medios admisibles
en Derecho la continuidad de aquellas empresas que ofrezcan
ciertas posibilidades de viabilidad, evitando liquidaciones
precipitadas con perjuicios generalizados para la economía
que insisto en denominar “economía real”. La crisis ha
saturado la capacidad de trabajo de los juzgados de lo
mercantil y concretamente en el único con el que hasta
cuenta Sevilla, a pesar de que afortunadamente aquí contamos
con una Magistrada muy capaz, competente y sumamente trabajadora,
pero que no puede obrar milagros cuando los papeles desbordan
la oficina judicial, y ello a pesar de contar con un excelente
equipo de colaboradores. Respecto a este tema es muy loable
y digno de encomio la decisión adoptada por la CAMARA
DE COMERCIO de Sevilla, bajo la presidencia de D. Francisco
Herrero, que impulsa estas jornadas de trabajo sobre la
crisis, ofreciendo medios humanos, equipos y locales para
digitalizar la documentación del Juzgado de lo Mercantil
en un encomiable afán de colaborar de forma efectiva.
Un tema que he dejado para último lugar es el de las Compañías
de Seguros. Como es sabido en los EE.UU. se ha ayudado
financieramente no solo a la banca sino a las compañías
de seguros y ello es debido a que el mundo anglosajón
y el estadounidense en particular es acertadamente partidario
del aseguramiento de todo tipo de riesgos, y lógicamente
las compañías americanas han sufrido las consecuencias
de aseguramiento de riesgos bancarios. Sería muy de desear
que en España se estudiara ampliar lo que hasta ahora
viene siendo el aseguramiento del cobro de créditos de
suministros a clientes, con la cobertura de los riesgos
del cobro de la obra ejecutada por contratas y subcontratas,
aunque ello presuponga la inclusión del costo de la prima
en los presupuestos de obra, pero evitando, como ahora
ocurre, que las promotoras puedan mantener durante un
tiempo a salvo su patrimonio acogiéndose al Concurso de
Acreedores y los puramente contratistas de obras sufran
las consecuencias del impago de las certificaciones pendientes
o la imposibilidad de descontar los efectos que recojan
el compromiso de pago de las mismas y además asumir la
ardua cuestión de los despidos o de las reducciones de
plantilla, y al final muchos de ellos, por el efecto “dominó”
tener que instar su propio Concurso de Acreedores. Y una
reflexión de ultimísima hora: con la que está cayendo
como puede alguna que otra entidad financiera predicar
la boutade de anunciar anticipadamente suculentos beneficios
al cierre del año en curso. Como ya he dicho, habrá que
examinar con lupa las Cuentas de Resultados, para conocer
de qué y de quienes proceden los rendimientos anunciados,
pues lo lógico es que resulte obligado establecer abundantes
provisiones para “riesgos irregulares” y no aplicar ingenierías
contables que no permitan un examen claro. |
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Nº
6 noviembre 2008
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Manuel
Dominguez Moreno
Reconstruir
puentes con Latinoamérica |
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Fernando
Iriondo Oa
Crisis
a la española
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Salvador
Santos Campano
Pymes:
Por quién doblan las campanas |
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José
María Cruz
Crisis
financiera y economía real |
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Ramon
Vilaró
Los
salarios en tiempos de crisis |
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