| Formación | | Optimismo
y pesimismo, un problema de perspectiva | Hagamos
inventario. Hemos descartado el optimismo ciego, iluso, para quedarnos con el
fundamentado, fruto de una suficiente percepción de las realidades, incluida la
propia (autoconocimiento). En general, aplicamos el concepto de optimismo sobre
el presente (lo asimilamos al pensamiento positivo) o sobre el futuro (que contemplamos
con confianza). Parece saludable pensar con confianza en el futuro, pero hemos
de activar, en su caso, nuestros recursos para materializar los logros
Optimismo
supone llevar nuestra atención a lo bueno, al éxito, a las ventajas, a lo positivo...,
y esto favorece la efectividad y la satisfacción profesional; pero, en la empresa
hay que detectar riesgos, prever y prevenir problemas, anticiparse a los obstáculos.
Para ser óptimamente optimistas, hemos de encajar esta actitud en un marco de
sinergia entre fortalezas, y así hablamos también de perspicacia, intuición, objetividad,
prudencia, pensamiento crítico, iniciativa, proactividad, confianza en lo que
hacemos, perseverancia, afán de logro, compromiso, integridad... En
cuando al pesimismo, lo hemos desestimado como rasgo de personalidad, pero, viendo
al pesimista como una especie de abogado del diablo ante cada caso concreto, convengamos
—¿convenimos?— en tener la toga a mano. ¿Qué otras reflexiones cabe compartir?
Naturalmente hay que detenerse en cómo se eleva nuestro rendimiento, catalizado
por el optimismo sólido y auténtico. Si uno tiene fe en lo que hace en su puesto
de trabajo, podría incluso alejarse mentalmente de posibles inquietudes ambientales,
y fluir en su rendimiento profesional. Tras el alto rendimiento Para el directivo,
el camino hacia las metas empresariales es casi siempre difícil e intrincado,
y no está exento de espacios inexplorados, obstrucciones, trampas, imprevistos,
contrariedades, malentendidos y otros elementos adversos. Éstos suelen ser más
frecuentes que los favorables, tales como felices casualidades o golpes de fortuna.
Se necesita conocimiento, habilidad, esfuerzo..., pero también perspicacia, perseverancia,
resistencia a la adversidad, confianza en las posibilidades... Para el profesional
experto que trabaja con cierta autonomía, la cosa no es tan distinta en lo que
a resultados profesionales se refiere. Haciendo una síntesis, diríamos que, tras
el alto rendimiento, precisamos:
•Capacidad para actuar (Competencia)
•Voluntad de hacerlo (Motivación) •Confianza en los resultados (Optimismo)
| | Texto:
José Enebral Fernández | Artículo
Completo en Cambio Financiero Nº 5 |
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| Nº
5 Octubre 2008................................................  | Manuel
Dominguez Moreno Entre
la euforia y el pánico | ......................................... |  | Fernando
Iriondo Oa Luz
en el túnel | ......................................... |  | José
Mª Serrano-Pubul Crisis
de hipotecas de alto riesgo: más transparencia | ......................................... |  | Ramon
Vilaró ¿Hacia
el sociocapitalismo? |
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