José Mª Serrano-Pubul
Opinión
Valor razonable y crisis de crédito: ¿héroe o villano?
Es posible que Zapatero tenga razón y que la crisis que se nos ha echado encima no sea técnicamente una crisis, al menos lo que los economistas definen como crisis. Tampoco el crac del 29 fue tenido como una quiebra hasta que la depresión empujó a muchos a saltar al vacío desde los rascacielos de Nueva York. Nadie puede sentirse aliviado por el hecho de que quien tiene la obligación de garantizar su bienestar se empeñe en explicar que si sus bolsillos están vacíos es a causa de una desaceleración rápida, que puede devenir en recesión después de dos meses de crecimiento negativo y en crisis si se produce la caída del PIB dos años consecutivos. La teoría que contienen los libros nunca ha servido para pagar la cuenta del supermercado o llenar el depósito del coche. Lo importante, como reconoce el presidente del Gobierno, no es la terminología o las etiquetas sino la percepción que tiene la opinión pública de la situación que estamos viviendo y, desde luego, el ciudadano está preocupado y, en cierta medida, alarmado ante el rumbo que están tomando las cosas. Se acabaron las vacas gordas y no sabemos cuánto tiempo se quedarán las flacas. Por mucho que se esgriman los indicadores económicos y la fortaleza de nuestros recursos financieros, la crisis o lo que sea ha tardado muy poco en enseñorearse del solar patrio desde que se dispararon las primeras alarmas. Ahora estamos en el ojo del huracán y es preciso adoptar cautelas y precauciones.
Por fortuna, también es cierto, y esta es una gran baza para el Gobierno que capea el temporal, que afrontamos estos impetuosos embates de la inflación con capacidad de reaccionar, aun navegando contracorriente. El ladrillo y el petróleo no se han comido del todo el superávit y todavía estamos en condiciones de tapar los huecos e ir parcheando. Las previsiones hablan de que se crecerá por debajo del dos por ciento y que la tasa de paro, según Celestino Corbacho, no superará el 11 por ciento. Con Aznar no bajó del 12 por ciento y nadie pidió la cabeza del presidente en el Congreso. A propósito del ministro de Trabajo, dije cuando fue nombrado que su antecesor, Jesús Caldera, no habría podido asumir un giro en la política social del Gobierno, que debe ayudar en similar medida a los ciudadanos y también a las empresas porque en este barco estamos todos. Menuda papeleta la de quien debe ver cómo el desempleo se incrementa cada día y la desesperación se instala en los hogares de los más desfavorecidos. Menos mal que está Corbacho al frente, que ha demostrado sobradamente su capacidad de gestión y su temple. Es lógico que la oposición, desaparecida desde las elecciones y ocupada en resolver su propia crisis interna —aquí sí que no caben paliativos—, haga leña de este árbol en su reaparición parlamentaria. Bueno, las cifras son tozudas, como la verdad, y lo cierto es que los datos continúan siendo mejores que cuando gobernaba el PP.
Confiemos en la fortaleza de nuestra economía para hacer frente a la crisis y aprendamos de nuestros errores para no volver a cometerlos. Este es un empeño global y atañe a todos los gobiernos. Es preciso cambiar el modelo actual de desarrollo y apostar por alternativas más sostenibles sin caer en la falacia de cambiar energía por hambre. Ya está bien de dilapidar los recursos naturales hipotecando el futuro del planeta. No es posible que en este mundo globalizado el capital circule libremente mientras se ilegaliza a seres humanos a los que se condena a la esclavitud en el sexto continente. La burbuja inmobiliaria estalló porque dentro no tenía nada, sólo aire, y aunque hizo millonarios a unos cuantos, las consecuencias de esa locura especulativa la estamos sufriendo todos. Es necesario otro arquetipo de crecimiento. Otro desarrollo es posible porque el capital que más importa y más enriquece es el humano. Pongamos el remedio hoy porque en el largo plazo, como afirmaba Keynes, todos estaremos muertos.

Portada

Nº 3 Julio 2008
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Opinión
Manuel Dominguez Moreno
Nuevos modelos de crecimiento
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José Mª
Serrano-Pubul

Valor razonable y crisis de crédito: ¿héroe o villano?
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Víctor Nuero
El papel del Banco Central Europeo
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Juan José González Ortiz
Algo más que el espíritu de Napoleón


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