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Industria
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| Regino
Moranchel |
| Consejero
delegado de Indra |
Infraestructuras
inteligentes, facilitadores del desarrollo económico |
Tecnología,
innovación y talento son las bazas de Indra para ofrecer soluciones
y servicios de alto valor añadido en un mundo globalizado en el
que las nuevas tecnologías condicionarán el progreso, el desarrollo
económico y el bienestar a través de la sostenibilidad, la seguridad
y la salud
Tras largos meses
haciendo frente a la crisis que ha afectado a todas las economías
mundiales, comienzan a vislumbrarse síntomas de recuperación y en
algunos mercados renace la esperanza de recuperar el crecimiento.
Sin embargo, los efectos de la crisis sólo se amortiguarán cuando
el crecimiento económico se traduzca en un aumento de la ocupación,
por lo que aún el desafío sigue siendo la generación de empleo de
calidad, que sólo será posible si empresas de los sectores básicos
de nuestra economía (industria, comercio, construcción, turismo,
servicios financieros, etc.) acometen la transformación de sus procesos
productivos y sus modelos de negocio.
El progreso económico siempre se ha visto favorecido por el despliegue
de infraestructuras de transporte, energía, agua y telecomunicaciones
que han facilitado el movimiento de personas y mercancías, y que
han abaratado los costes de transacción. En el siglo XXI tenemos
la oportunidad de aprovechar el potencial que ofrecen las Tecnologías
de la Información y las Comunicaciones (TIC) para aumentar de modo
radical la utilidad de las infraestructuras al dotarlas de inteligencia.
Esto significa que al disponer de sensores, de comunicaciones y
de capacidad distribuida de procesamiento de información permitirán
el control en tiempo real y la reconfiguración automática de un
modo seguro y eficiente para adaptarse a las variaciones del entorno.
Las infraestructuras inteligentes dan pie a una transformación radical
del modo en que transportamos átomos (personas y mercancías) y bits
(ideas y conocimiento). Permiten con ello mejoras sustanciales en
la gestión de la movilidad evitando congestiones y facilitando la
optimización de cadenas logísticas, reducen las pérdidas en redes
energéticas y de agua, facilitan la incorporación de energías renovables
y de vehículos eléctricos, aumentan la seguridad, reducen el coste
de la comunicación de voz, datos e imágenes y dan pie a nuevos modelos
de gestión urbanística y a una atención sanitaria personalizada.
La tecnología está dando origen a cadenas de valor cada vez más
globales en las que capital y trabajo se despliegan en las ubicaciones
más adecuadas para lograr el rendimiento económico. Sólo en los
países con infraestructuras inteligentes físicas y lógicas que den
soporte al entramado empresarial podrán desarrollarse empresas competitivas.
Las economías emergentes más relevantes están aplicando políticas
de despliegue de infraestructuras que aprovechan todo el potencial
de las TIC como parte fundamental de sus planes de crecimiento y
salida de la crisis. En este sentido es ilustrativo el caso de Brasil
que en 2007 lanzó su Programa de Aceleración del Crecimiento, destinando
en el mismo 190 billones de dólares para la inversión en infraestructuras,
ampliando esa cantidad un 34% más en diciembre del año siguiente
para satisfacer las aspiraciones de su Programa.
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Artículo
Completo en Cambio Financiero Nº23
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