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Actualidad
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Texto:
Ramon Vilaró
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Alemania
y Francia, junto con el FMI, han liderado el plan de salvación de
Grecia. Mientras, Portugal y España pueden estar en la antesala
de la UVI
La primera eurocrisis,
en terminos de la moneda común del euro, llegó de la mano del país
que es cuna de la civilización europea: Grecia. El alto índice de
déficit público y, sobre todo, las medidas oportunas para atajarlo
han carecterizado el primer trimestre de presidencia española de
la Unión Europa. Una crisis, por otra parte, en que el gobierno
español poco tuvo que decir, ni decidir, ante la dimensión de un
problema, el déficit público, que peligra de colocar igualmente
la soga en el cuello de la propia economía hispana, sin olvidar
la portuguesa. Una vez más fueron los dos grandes de la UE, Alemania
y Francia, quienes debieron tomar cartas en el asunto para evitar
un naufragio del euro, aunque sin evitar una lenta depreciación
en relación a otras divisas de referencia, como el dólar y el yen.
Una devaluación encubierta, por otra parte, que tampoco viene mal
a las industrias europeas, a la hora de ser más competitivas para
exportar.
Al plan de rescate de Grecia, fuertemente contestado con protestas
ciudadanas en el país que marcó historia con el helenismo, no tan
sólo acudió el Banco Central Europeo, de la mano de Alemania y Francia,
sino que con un tercio de la ayuda financiera destinada a cubrir
el vencimiento de deuda pública, participó igualmente el Fondo Monetario
Internacional (FMI), la veterana institución que, junto con el Banco
Mundial (BM), fruto de los acuerdos de Breton Woods en la II postguerra
mundial, intentan poner cierto orden global en los mercados monetarios.
Aunque, a diferencia de antaño, le han salido potencias emergentes,
como China, que va a su aire, con un yuan devaluado, tanto en relación
con el dólar como con el euro, y el yen, capaz de añadir un elemento
de competitividad a sus agresivas exportaciones.
La cancillera germana, Angela Merkel, confirmó su perfil de “dama
de acero” a la hora de marcar el ritmo de la UE, en momentos de
aguda crisis como la originada por Grecia. Una crisis, además, que
llegó en un contexto de frágil, y mínima, recuperación económica
de la UE, con regreso a casi simbólicos crecimientos del Producto
Interior Bruto (PIB) en casi todos los países de la eurozona. Casi
todos, a excepción de España, donde los anunciados “brotes verdes”
tardan mucho en florecer, incluso en primavera. Un factor, la profundidad
y duración de la crisis española, agravada con el índice más alto
de paro entre los países grandes de la UE, que han colocado al presidente
José Luis Rodríguez Zapatero en un discreto segundo plano comunitario,
a pesar de ejercer la presidencia semestral de la UE.
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Artículo
Completo en Cambio Financiero Nº22
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