Sexto Continente
Texto: Hipólito Mejía
Construir el futuro desde República Dominicana
La destrucción de Haití supone para la comunidad internacional el primer desafío global

RESULTA ESPECIALMENTE doloroso en estos momentos constatar la atroz paradoja de que Haití, nuestro querido pueblo hermano, existe precisamente porque ha dejado de existir. Y es sin duda la impotencia de un país al que no le resta ya ni su soberanía, puesto que ha desaparecido cualquier atisbo institucional de estructura del Estado, la que reclama urgentemente la máxima atención internacional en un esfuerzo solidario que contribuya a paliar cuanto antes la tragedia y establezca las bases de la cooperación y el desarrollo que garantice la reconstrucción y el futuro de la república más pobre de América.
La destrucción de Haití supone para la comunidad internacional el primer desafío global ante una catástrofe humanitaria de magnitud dantesca.
El terremoto asoló el país, pero las epidemias, el hambre, la desesperación y el vacío institucional se habían instalado en Haití mucho antes de que la tierra temblara. Las sexto continente catástrofes naturales, como los seísmos y los huracanes sólo añaden dolor a la miseria, amplificando a través de los medios de comunicación la penuria de unos seres humanos privados de los derechos más elementales, despojados de su dignidad e incluso de su condición de hombres y mujeres libres. En efecto, hoy la ayuda humanitaria es más necesaria que nunca, pero también lo era hace unas semanas. El abandono, el fallo de todas las estructuras de poder, se remonta a años y años de injusticias, de exclusión, de violencia, de todos los males endémicos en general.
Hoy la tragedia nos trae al primer plano de la actualidad el olvido que ética y moralmente se ha cebado con Haití y que hemos venido denunciando tanto desde nuestra responsabilidad pública como presidente de la República Dominicana como desde nuestra irrenunciable vocación política. Así ocurrió cuando con motivo de la Cumbre del Consejo de Ministros de la ACP-Unión Europea, celebrada en Santo Domingo en septiembre de 2002, sin que mediase ningún seísmo como argumento, manifesté en mi discurso de bienvenida a los líderes y mandatarios mundiales que como presidente de un “gobierno solidario de todos los que sufren por el flagelo del hambre y de la exclusión, hacemos un sincero llamado para que se comprenda que ese país precisa de una cooperación capaz de contribuir a solucionar sus acuciantes problemas sociales y a coadyuvar en el perfeccionamiento de sus instituciones políticas y democráticas”.

Artículo Completo en Cambio Financiero Nº21

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