Ramon Vilaró
Opinión
Balanza fiscal, balanza social
Es casi como la imposible cuadratura del círculo, o como dice el ministro Pedro Solbes, el ‘sudoku’ autonómico. Nunca habrá soluciones al gusto de todos. Pero si debe haber un reequilibrio de aportaciones y recepciones de la caja común del presupuesto global, porque aun respetando el principio de solidaridad no puede perpetuarse el de discriminación

Todo parece indicar que vamos hacia un principio en que las balanzas fiscales equivalgan a balanzas sociales. Si se logra, en medio de la tormenta política que siempre origina cuando se trata de ese tema, el conjunto del reparto de recursos y gastos, el país saldrá ganando en su conjunto.

Respetar los principios de igualdad de servicios en sectores claves como educación, sanidad y servicios sociales, debe ser la piedra de toque en que se base el nuevo reequilibrio de balanzas financieras entre las autonomías. El Estado no puede pagarlo todo, como si distribuyera el maná divino, porque los recursos son limitados y las necesidades son diferentes. Hay que armonizar la financiación autonómica con sentido social, pero adaptándola a las particularidades de cada lugar.

No todas las autonomías han evolucionado igual en necesidades durante los últimos treinta años, sobre todo en incremento de población, y por ello hay que aceptar que la redistribución de la caja común del Estado, debe realizarse con pragmatismo.

En el caso de Cataluña, donde hay que aplicar el nuevo Estatuto, la población aumentó un 14,9 % y los recursos financieros un 12,7 %, en 2006, según fuentes del Ministerio de Economía y Hacienda. Un desequilibrio que, en principio, puede parecer mínimo. Pero, no lo es cuando resulta que, en idéntico periodo, cada ciudadano residente en Cataluña aportó como media un 122% a las arcas comunes del Estado, para acabar recibiendo tan sólo el 96%. Son cifras análogas a otras comunidades, desde Valencia, Aragón o Madrid, en una nación donde la discriminación fiscal no es sólo financiera –cabe recordar los privilegios históricos de Euskadi y Navarra– sino también de tributos, como ilustra la disparidad arcaica del impuesto de sucesiones. Morir en Madrid sale casi gratis, para los herederos, mientras que en Cataluña esta penalizado con un 30% de impuesto sucesorio. Sin olvidar, por ejemplo, que la autonomía catalana aplica impuestos especiales, denunciados por la Comisión Europea, de un céntimo de euro por cada litro de gasolina, o gasóleo, con destino a remediar el actual déficit sanitario que padecemos.


Artículo Completo en Cambio Financiero Nº 2

Portada

Nº 1 Mayo 2008
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Opinión
Manuel Dominguez Moreno
Solidaridad y vertebración
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Javier Bañares
¿Qué riesgo dice usted que corro?
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Ramon Vilaró
Balanza fiscal, balanza social
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Fernando Iriondo Oa
Tiempos de (casi) emergencia económica
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Juan José González Ortiz
Cambio de mentalidad nuclear

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