Economía
Latina y Sexto Continente
|
Brasil
Hambre cero y una economía
social |
 |
Guariba,
es una municipalidad en el Estado de São Paulo, donde
se habla el Tupi Guaraní, una de las setenta lenguas nativas
de Sudamérica. Sus cuarenta mil habitantes encuentran
en Esperanza, la radio comunitaria, un medio informativo
de confianza. A los pocos meses que se inició el Programa
Hambre Cero, por iniciativa del Comité Popular, se inauguró
un salón de belleza, un buen inicio para el autoestima
de las mujeres, que con el pago de un real, pueden recibir
atención para sentirse bonitas
Los
gestores de Hambre Cero, programa social clave de la administración
Lula Da Silva, recuerdan a un genio llamado Manuel, campesino
semianalfabeto, creyente de San Pedro protector de la
lluvia en Brasil, porque hace veinte años descubrió que
en el amazónico país la sequía no se combate sino se aprende
a convivir con ella y con tecnología barata y eficaz se
puede conservar el agua de aquellas lluvias que caen del
cielo.
La dinámica del Programa Hambre Cero es intensa, provoca
una gran movilización nacional, en un territorio de 190
millones de habitantes, de los cuales 12 millones de familias
sufren de subnutrición crónica. Ahora hay una creciente
participación de iglesias, de sindicatos y ONG y también
dificultades para concertar con todos los alcaldes, gobernadores.
Las políticas públicas no funcionan aún, porque la privatización
de la economía de décadas pasadas destruyó o debilitó
las instituciones del Estado. La gente es consciente que
no va a salir de su pobreza, pero si se va a reducir drásticamente
la miseria en Brasil. Venezuela, Nicaragua, El Salvador
empiezan a seguir la experiencia.
Antes, el tema social del Estado era una ocupación de
la primera dama. Las mujeres de Brasil que tienen derecho
a votar desde 1920 –diez años antes que las de Francia–
vivían aisladas de las decisiones políticas y poco podían
hacer frente su nación continente, privilegiado por ser
uno de los cinco mayores productores de alimentos del
mundo, sin mayores catástrofes naturales, ni nieve, ni
desiertos, ni temblores, ni huracanes.
En América Latina, casi la mitad de 400 mil niños de 0
a 5 años de edad que mueren por hambre, son del Brasil.
El hambre en este país es gordo, a diferencia del África,
que convierte a la persona en esquelética. Las investigaciones
explican que por razones genéticas y el consexto sumo
de agua contaminada, el mayor índice de obesidad está
entre los más pobres y en los niños.
La lucha contra el hambre en el Brasil tiene otras razones
de fuerza. Además de haber sido el país con 358 años de
esclavitud, la más larga esclavitud de las Tres Américas,
el problema social ha llegado a la agenda política. El
presidente Lula viene de una numerosa familia que vivía
en la miseria. Nilo Pecanha, otro presidente en 1909,
vino de la pobreza. La diferencia es que el pobre tiene
lo indispensable, el miserable no.
|
| Texto:
Jorge Zavaleta |
Artículo
Completo en Cambio Financiero Nº16
|
|
|
| |