En
Portada
|
| Zapatero
encomienda a la ministra discreta y eficaz la lucha contra
la crisis |
 |
El
sábado 4 de abril a cinco minutos de terminar el partido
entre el Real Madrid y el Málaga, el entrenador del “real”,
Juande Ramos, quiso sacar a jugar al deseado, admirado
y denostado por la afición Guti. Este le respondió “coño,
si quedan cinco minutos”. Y no salió. Ese no es el caso
de Elena Salgado. Ahora, el presidente del Gobierno por
si pudiera quedar poco tiempo de partido o mejor para
alargarlo, le ha encargado a Elena Salgado que se haga
cargo de la cartera más incómoda y arriesgada. Salgado
ha dicho si la ha aceptado y no se ha parado en valorar
si hay tiempo y margen de maniobra para actuar. Simplemente
le ha dicho al presidente que si.
El
fondo del cambio responde a una misma idea, imprimir un
cambio de ritmo en la lucha contra la crisis”, manifestaba
en rueda de prensa el presidente Zapatero al anunciar
los cambios en su Gobierno que giran entorno a la actual
situación de la economía. El foco se centra ahora, por
tanto, sobre la persona de Elena Salgado que sustituye
a Pedro Solbes en el cargo de vicepresidenta del Gobierno
y ministra de Economía. Es un caso raro en la política
y más aún en los gobiernos de Rodríguez Zapatero, muy
dado a incorporar a su gabinete a perfiles con un currículo
nutrido casi exclusivamente en las tareas de la política.
Como el propio presidente.
Salgado (Ourense 1949) tiene dos carreras, Ingeniería
Industrial, con la especialidad en Técnicas Energéticas
y Organización Industrial y, además, es licenciada en
Ciencias Económicas.
Fue la responsable de crear el ordenamiento actual de
las Telecomunicaciones en España con Josep Borrel como
ministro. La liberalización de las “telecos” y el inicio
de la competencia, es decir de esa nueva ecología entonces
obligadamente emergente, se le debe a ella. Poco amiga
de saraos y festejos, Elena Salgado es una mujer rigurosa
y seria que en una ocasión puso el grito en el cielo por
el hecho de que los carteros admitieran la propina en
el desempeño de sus funciones, algo extendido en España,
en épocas recientes. Entiende el papel del Estado desde
una interpretación estricta, austera y basada en el servicio
público, conceptos de los que dio buena prueba cuando
aplicó con rigor la Ley del Tabaco. Esa posición le valió
la crítica y el enfrentamiento con casi todos: algunos
de sus compañeros de Consejo de Ministros, comunidades
autónomas, ayuntamientos, comerciantes, fabricantes… Pero
no hubo forma, se mantuvo firme y quizás esa firmeza ha
sido lo que ha animado a Zapatero a encargarle la responsabilidad
más ardua y difícil de la actual situación: hacer frente
a la crisis y encontrar y adoptar las medidas que se necesitan.
|
| Texto:
Ricardo Lenoir |
Artículo
Completo en Cambio Financiero Nº11
|
|
|
| |