| Manuel
Domínguez Moreno | Económia
para el cambio | |
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Cómo
aprovechar una buena crisis
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forma sorprendente, la secretaria de Estado norteamericana,
Hillary Clinton, ha confesado ante cientos de jóvenes
que se habían reunido en el Parlamento Europeo para debatir
sobre el futuro, que nunca se puede desaprovechar una
buena crisis porque supone una oportunidad única para
hacer cambios y puede acabar teniendo un impacto positivo
sobre nuestras vidas, como ocurrió en Europa con el milagro
de la reconstrucción tras la II Guerra Mundial, que resultó
posible porque hubo líderes que crearon un concepto en
el que en aquellos momentos nadie creía porque no parecía
en absoluto realista y que, sin embargo, cimentó ideológicamente
el nuevo orden surgido en la Conferencia de Yalta, punto
de partida de la Guerra Fría y de las bases ideológicas
sobre las que se fundó la ONU y su Consejo de Seguridad.
Fue precisamente uno de los artífices de esa reconstrucción,
Winston Churchill, quien apuntó que un optimista ve una
oportunidad en cada calamidad, pero un pesimista ve una
calamidad en cada oportunidad. Es muy posible que desde
entonces hayamos evolucionado a impulsos de la estrategia
de la mentira, confiando nuestro progreso a un sistema
cuyo colapso nadie fue capaz de predecir, igual que nadie
parece querer pronosticar su final. Sólo podemos tener
la certeza de que acabará lo mismo que empezó, de manera
tristemente inverosímil y dolorosamente cruel. Así lo
ha reconocido el mismo Ben Bernanke, responsable de la
Reserva Federal de EE UU, que ha entonado el mea culpa
en nombre de quienes teniendo la obligación de haberse
anticipado a la crisis no supieron calcular sus gravísimas
consecuencias. Consciente de que la revolución de las
conciencias tardará aún en llegar, pese a que la dignidad
del hombre es un activo cada vez más devaluado, aboga
por eliminar riesgos reformando el sistema financiero
para suavizar los extremos de los ciclos y reducir las
oscilaciones sistémicas y la inseguridad de un órgano
supervisor que ha fallado clamorosamente. La conclusión
es simple: el capital no quiere aventuras, prefiere volver
a la autorregulación, a la prudencia y a la ética, desconociendo
que su naturaleza germina en la codicia y la avaricia.
Si la mentira ha sido el caldo de cultivo de la crisis,
el autoengaño en nuestro caso es la antesala de la impotencia.
Creímos que nuestro sistema financiero no se iba a ver
afectado y muy pronto asistiremos a la quiebra de los
bancos que no sepan nadar y guardar la ropa. Con retraso,
pero acabará llegando y empeorará aún más una situación
que ya es crítica. Ante tan negras perspectivas, a sabiendas
de que la burbuja en la que creímos crecer ha estallado,
es preciso tomar medidas cuanto antes. El crecimiento
de las economías emergentes y los riesgos financieros
seguirán alimentando la crisis en todos aquellos países
que no se adapten a los nuevos tiempos y no apuesten por
la renovación tecnológica, la investigación (I+D+i), la
productividad, los beneficios fiscales y la flexibilidad
del mercado laboral. Si las potencias producen más y a
más bajo coste, nosotros deberemos hacer lo mismo. No
va a resultar fácil compatibilizar estas premisas con
el desempleo, el cierre de empresas asfixiadas por la
falta de crédito y financiación y la inversión cero. No
hay tiempo que perder y, en consecuencia, es alarmante
que no se hayan adoptado todavía medidas económicas de
choque. Desde su comprensible cansancio que señala el
fin de un ciclo, Solbes no parece comprender que si durante
los años de las vacas gordas conseguimos ahorrar es precisamente
para poder gastarlo ahora, cuando el déficit público puede
rondar el 8 por ciento del PIB. En esta coyuntura es un
auténtico disparate que sean las empresas las que soporten
la carga y financien la deuda de las administraciones
públicas, precisamente cuando el Estado tiene liquidez
y los particulares no. Sea como sea, hay que pasar a la
acción. Aún no es tarde. Todavía estamos a tiempo de no
desaprovechar las posibilidades de una buena crisis para
cambiar lo que no funciona y transformar los sistemas
y los mercados construyendo una sociedad más equilibrada
y más justa. |
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Nº
10 marzo 2009
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Manuel
Dominguez Moreno
Cómo
aprovechar una buena crisis |
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Fernando
Iriondo Oa
El
verdadero ajuste peseta – euro
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Eva
Pavo
La
competitividad, el reto de lo posible |
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José
Alberto Calvo González
Nuestro
mercado laboral
¡Una gran apuesta! |
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Ramon
Vilaró
Desde
España, al “Made in USA” |
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