José María Cuevas
Opinión
Diálogo social y transición
Me pide Cambio Financiero que escriba un artículo sobre mis años al frente de la CEOE, sobre el Diálogo Social del que fui coprotagonista, y sobre los principales acontecimientos que en el plano nacional han jalonado nuestra historia reciente.
Condensar todo eso en unos pocos folios me recuerda a aquel profesor que solicitó al alumno en un examen oral: “Déme usted una ligera idea del Cosmos”. Porque para mí, estos treinta largos años que discurren entre 1977 -cuando fui uno de los firmantes del Acta Fundacional de CEOE y primer responsable de su Comisión Laboral- hasta 2007 año en el que dejé la Presidencia de la Confederación después de 23 años de ejercerla, son como esa “ligera idea del Cosmos” que dejó exhausto al estudiante de nuestra historia.
Por eso, es forzoso que me limite aquí a unos breves apuntes, casi telegráficos, que pueden servir no obstante y en un próximo futuro para un trabajo más largo y detallado. Pero como dijo aquel escritor: “no me pidáis un artículo breve. No tengo tiempo para hacerlo breve”. Efectivamente, la concreción es el género más difícil. Lo voy a intentar en todo caso:
El punto de partida
En 1977, el punto de partida para el Diálogo Social no podía ser más desalentador: una sociedad en plena efervescencia, una izquierda emergente con una fuerte tentación revanchista; unos sindicatos de clase que salían de la clandestinidad y sin experiencia de funcionamiento en democracia; unas patronales bisoñas e inermes frente a la ola de anticapitalismo que anegaba el momento político y, sobre todo, una historia de las relaciones laborales en España que habían oscilado entre el enfrentamiento violento de los tiempos de la Restauración y la República, y el paternalismo y autoritarismo de los tiempos de la era de Franco, que planeaban como ave de mal agüero sobre la España de los inicios de la Transición.
El reto era muy claro para los interlocutores sociales: pasar de unas relaciones laborales propias de una Dictadura, basadas en un equilibrio impuesto a ambas partes (los obreros no podían hacer huelga, y a cambio los empresarios no podían despedir), a unas relaciones laborales normales en un sistema democrático y liberal, y recalco este segundo concepto porque entonces no se aceptaba, ni mucho menos, el sistema de libre empresa ni la lógica del capitalismo, basada en el beneficio como motor de la inversiones y de la creación de empleo.
¿Había algo más para acentuar los peligros y temores que entrañaba el momento? Pues sí, añadamos tres cosas: una pavorosa crisis económica internacional, la acción combinada de terrorismos de extrema izquierda y extrema derecha, y el riesgo latente de un pronunciamiento militar o golpe de Estado.
Frente a todos estos nubarrones en el paisaje de la época había, por supuesto, factores de esperanza que invitaban al optimismo: el deseo de la inmensa mayoría de los españoles de vivir en democracia; una clase política joven y animosa que, educada en el franquismo o en el antifranquismo, sabía que nuestro destino natural era la Europa libre y próspera; y unos empresarios ya entonces muy modernizados y dispuestos a iniciar la aventura de la globalización que luego se ha puesto tan de moda.
Esto también lo subrayo: la CEOE, que se funda el 29 de junio de 1977 (ese mismo día yo cumplía 42 años), es la primera patronal de la Historia de España con un ideario claramente liberal. Con anterioridad, las organizaciones empresariales se habían constituido más para cerrar el mercado que para abrirlo, más para defenderse de los productos foráneos que para competir con ellos, más con espíritu proteccionista que librecambista. No despachemos con dos generalidades la importancia de esta apuesta, porque está preñada de consecuencias. La CEOE propugnó la liberalización política y económica, el desarme de nuestro sistema arancelario, la privatización de nuestro ineficiente sector público, el ingreso de España en el Mercado Común y, cómo no, la modernización de las relaciones laborales.
Pero, ¿cómo modernizar unas relaciones laborales procedentes del franquismo?
El método de trabajo
Grosso modo, en el mundo capitalista hay dos modelos de relaciones laborales:
-El anglosajón, que cultiva la relación individual de trabajo y procura debilitar y (si es posible) suprimir a los sindicatos. Especialmente vigente en Estados Unidos.
-Y el europeo, que reconoce a empresarios y sindicatos una importante tarea de interlocución, a través de la negociación colectiva, así como de influencia en el marco laboral y social.

 
Artículo Completo en Cambio Financiero Nº 1

Portada

Nº 1 Mayo 2008
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Opinión
Manuel Dominguez Moreno
Izquierda, riqueza y prepotencia
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Fernando
Iriondo Oa

Crisis sin hoja de ruta
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José María Cuevas
Diálogo social y transición
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Jaime Fustér Rufilanchas,
Poner rumbo hacia el Este
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Juan José González Ortiz
Viento a favor para hacer reformas económicas

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