|  | Diálogo
social y transición |
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| Me
pide Cambio Financiero que escriba un artículo sobre mis años al frente de la
CEOE, sobre el Diálogo Social del que fui coprotagonista, y sobre los principales
acontecimientos que en el plano nacional han jalonado nuestra historia reciente. Condensar
todo eso en unos pocos folios me recuerda a aquel profesor que solicitó al alumno
en un examen oral: “Déme usted una ligera idea del Cosmos”. Porque para mí, estos
treinta largos años que discurren entre 1977 -cuando fui uno de los firmantes
del Acta Fundacional de CEOE y primer responsable de su Comisión Laboral- hasta
2007 año en el que dejé la Presidencia de la Confederación después de 23 años
de ejercerla, son como esa “ligera idea del Cosmos” que dejó exhausto al estudiante
de nuestra historia. Por eso, es forzoso que me limite aquí a unos breves apuntes,
casi telegráficos, que pueden servir no obstante y en un próximo futuro para un
trabajo más largo y detallado. Pero como dijo aquel escritor: “no me pidáis un
artículo breve. No tengo tiempo para hacerlo breve”. Efectivamente, la concreción
es el género más difícil. Lo voy a intentar en todo caso: El punto de partida
En 1977, el punto de partida para el Diálogo Social no podía ser más desalentador:
una sociedad en plena efervescencia, una izquierda emergente con una fuerte tentación
revanchista; unos sindicatos de clase que salían de la clandestinidad y sin experiencia
de funcionamiento en democracia; unas patronales bisoñas e inermes frente a la
ola de anticapitalismo que anegaba el momento político y, sobre todo, una historia
de las relaciones laborales en España que habían oscilado entre el enfrentamiento
violento de los tiempos de la Restauración y la República, y el paternalismo y
autoritarismo de los tiempos de la era de Franco, que planeaban como ave de mal
agüero sobre la España de los inicios de la Transición. El reto era muy claro
para los interlocutores sociales: pasar de unas relaciones laborales propias de
una Dictadura, basadas en un equilibrio impuesto a ambas partes (los obreros no
podían hacer huelga, y a cambio los empresarios no podían despedir), a unas relaciones
laborales normales en un sistema democrático y liberal, y recalco este segundo
concepto porque entonces no se aceptaba, ni mucho menos, el sistema de libre empresa
ni la lógica del capitalismo, basada en el beneficio como motor de la inversiones
y de la creación de empleo. ¿Había algo más para acentuar los peligros y temores
que entrañaba el momento? Pues sí, añadamos tres cosas: una pavorosa crisis económica
internacional, la acción combinada de terrorismos de extrema izquierda y extrema
derecha, y el riesgo latente de un pronunciamiento militar o golpe de Estado. Frente
a todos estos nubarrones en el paisaje de la época había, por supuesto, factores
de esperanza que invitaban al optimismo: el deseo de la inmensa mayoría de los
españoles de vivir en democracia; una clase política joven y animosa que, educada
en el franquismo o en el antifranquismo, sabía que nuestro destino natural era
la Europa libre y próspera; y unos empresarios ya entonces muy modernizados y
dispuestos a iniciar la aventura de la globalización que luego se ha puesto tan
de moda. Esto también lo subrayo: la CEOE, que se funda el 29 de junio de 1977
(ese mismo día yo cumplía 42 años), es la primera patronal de la Historia de España
con un ideario claramente liberal. Con anterioridad, las organizaciones empresariales
se habían constituido más para cerrar el mercado que para abrirlo, más para defenderse
de los productos foráneos que para competir con ellos, más con espíritu proteccionista
que librecambista. No despachemos con dos generalidades la importancia de esta
apuesta, porque está preñada de consecuencias. La CEOE propugnó la liberalización
política y económica, el desarme de nuestro sistema arancelario, la privatización
de nuestro ineficiente sector público, el ingreso de España en el Mercado Común
y, cómo no, la modernización de las relaciones laborales. Pero, ¿cómo modernizar
unas relaciones laborales procedentes del franquismo? El método de trabajo
Grosso modo, en el mundo capitalista hay dos modelos de relaciones laborales: -El
anglosajón, que cultiva la relación individual de trabajo y procura debilitar
y (si es posible) suprimir a los sindicatos. Especialmente vigente en Estados
Unidos. -Y el europeo, que reconoce a empresarios y sindicatos una importante
tarea de interlocución, a través de la negociación colectiva, así como de influencia
en el marco laboral y social.
| | | Artículo
Completo en Cambio Financiero Nº 1 |
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| Nº
1 Mayo 2008................................................  | Manuel
Dominguez Moreno Izquierda,
riqueza y prepotencia | ......................................... |  | Fernando
Iriondo Oa Crisis
sin hoja de ruta | ......................................... |  | José
María Cuevas Diálogo
social y transición | ......................................... |  | Jaime
Fustér Rufilanchas, Poner
rumbo hacia el Este | ......................................... |  | Juan
José González Ortiz Viento
a favor para hacer reformas económicas |
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